ÁFRICA/SUDÁN - En tiempos de Covid-19 ni enfrentamientos ni hostilidades: la Iglesia tiene esperanza

El Obeid - “En parte por el terror causado por la propagación del coronavirus, en parte porque el diálogo continúa, aquí en Sudán no ha habido enfrentamientos". Así comienza la una entrevista con la Agencia Fides, Mons. Tombe Trille, obispo de El Obeid y presidente de la Conferencia Episcopal de Sudán y Sudán del Sur. Con un sistema de salud precario y una situación socioeconómica que sufre por años de dictadura, Sudán, que acaba de entrar en una nueva fase política, observa con temor la propagación del coronavirus. Los casos son más de 240 y los muertos 21.
“El gobierno - explica el obispo -, pidió evitar las reuniones . Hemos celebrado la Semana Santa con un número limitado de fieles, máximo 50. Obviamente, si el gobierno nos lo pide, cerraremos todo hasta que haya seguridad. Estamos preocupados por los campos de refugiados, tanto por las condiciones generales como porque no nos es posible asegurar nuestra presencia pastoral y social constante. En cualquier caso, la Pascua no es un momento aislado, sino que es permanente para la Iglesia: continúa durante todo el año, cada Misa es una Pascua y tendremos la oportunidad de celebrarla como se debe más adelante".
Mientras tanto, desde el domingo 22 de marzo, Stephen Ameyu Mulla finalmente pudo instalarse como nuevo arzobispo de la capital de Sudán del Sur, Juba. Su nombramiento fue rechazado desde el principio por un grupo de laicos y religiosos sobre la base de divisiones esencialmente étnicas y ha tenido lugar con retraso, solo después de una investigación realizada por la Santa Sede.
“Desde la instalación de Mons Ameyu, no ha habido más protestas. También gracias a su discurso inaugural basado completamente en la reconciliación, los espíritus se han calmado mucho. Es una buena señal que nos da esperanza de un futuro unido y pacífico tanto para Sudán del Sur como para Sudán. La población necesita y comienza a vislumbrar signos de una nueva esperanza".
Exactamente un año después de la expulsión de Omar al-Bashir , el déspota que llegó al poder en 1989 con un golpe de estado apoyado por los islamistas, Sudán, en medio de mil desafíos políticos, sociales y económicos, sigue representando una buenas noticia para África. El rating de democracia elaborada por The Economist cada año lo ve subir: desde los últimos lugares de la lista ha subido al 147°, mejorando de 8 posiciones en un año.


Agenzia Fides
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