ASIA/MYANMAR - El cardenal Bo: “El silencio de Aung San Suu Kyi habla de dolor, de responsabilidad y de lucha por la paz”

Agenzia Fides Sydney – “La paz en Myanmar es un compromiso primordial. No afecta solo a Myanmar, sino a todo el mundo. Podría llegar a ser un ejemplo para el resto del mundo porque es un país donde 135 grupos étnicos diferentes viven juntos después de haber dejado sus conflictos atrás”. Así lo asegura el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, invitado por Catholic Missio Australia, la Dirección Nacional Australiana de las Obras Misionales Pontificias.

El cardenal recordó a unas palabras de la líder Aung San Suu Kyi, quien asegura: “No podemos dejar de lado la pesada carga del conflicto sobre los hombros de las generaciones más jóvenes”. Sobre las críticas dirigidas a ella por los observadores internacionales, monseñor Bo comenta: “Aung San Suu Kyi es Myanmar. Existe una identificación tan fuerte que va más allá de la política. Ha sufrido con su pueblo, no ha sido doblegada por el sufrimiento, sino que más bien lo ha convertido en una lucha por la libertad en la esperanza de un cambio. A través de la no violencia, a través del silencio, a través de una acción responsable que respeta los tiempos de la historia para no volver al miedo, la dictadura o la violencia”.

El cardenal destaca: “Estamos viviendo la dolorosa historia del conflicto, en especial, en el estado de Rakhine, donde sufre la población musulmana; o en el estado de Kachin, donde sufren los cristianos. Tenemos a miles de víctimas de la violencia delante de nosotros. Hay un difícil equilibrio entre la democracia y el papel político del ejército. Entre ambos seguimos de cerca los esfuerzos del gobierno civil de Aung San Suu Kyi para la repatriación de los musulmanes de Rakhine, el alto el fuego, el proceso de reconciliación y paz con la Conferencia de Panglong del siglo XXI. El gobierno alienta el diálogo religioso y el pluralismo, buscando el desarrollo sostenible y un federalismo que promueva la inclusión y la autonomía”.

El cardenal reconoce una “profunda comunión entre Aung San Suu Kyi y su gente”, recordando que “Aung San Suu Kyi en su discurso al país en la tarde del 1 de abril, en el segundo aniversario de su gobierno, llamó a la unidad para hacer frente a los retos : unidad entre gobierno y pueblo, entre partidos y sociedad civil, entre grupos étnicos, religiones e incluso con el ejército”.

El arzobispo concluye: “Aung San Suu Kyi encarna un mensaje de coherencia, fortaleza, unidad, responsabilidad por su país, una misión por delante. Su silencio, -que los medios occidentales no entienden-, no es mudo: habla de forma tranquila, tal vez de una manera birmana, del respeto por una historia de lucha y dolor que conoce muy bien. Es su vida, su familia y su historia. Una historia de espera silenciosa del pueblo de Myanmar frente a un muro muy alto coronado de alambre de púas. El silencio expresa coherencia, incluso la disciplina del espíritu, frente a las dificultades de la política y la información”.

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