AMÉRICA/PARAGUAY - Ya es beata la joven carmelita Chiquitunga, apóstol infatigable de los descartados

Agenzia Fides Asunción – “Un modelo cristiano joven”, “una persona realizada, muy inteligente, que irradiaba alegría”, “un testimonio joven de una santidad posible que no es un ideal inalcanzable”, “un modelo de persona reflexiva, que pone en cuestión las cosas y las discute, porque hay realidades que es necesario discutir para poder caminar hacia el bien”. Así monseñor Adalberto Martínez Flores, obispo electo de Villarrica del Espíritu Santo, describe para la Agencia Fides a la joven carmelita descalza María Felicia de Jesús Sacramentado Guggiari, más conocida como “Chiquitunga”, beatificada el pasado sábado 23 de junio en Asunción, en una ceremonia a la que asistieron 50.000 fieles de todo Paraguay y Argentina. La celebración solemne estuvo presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

"¡Miren cómo convoca la santidad!", asegura monseñor Martínez hablando con la Agencia Fides. “Son personas que no solo admiran las vidas de los santos sino que también quieren imitar la donación de Chiquitunga. Providencialmente, - continúa -, el Santo Padre me ha nombrado obispo de la diócesis en la que nació, tierra de santos podríamos decir, por los numerosos testimonios de vida cristiana. En Villarrica hubo manifestaciones de fe y de acción de gracias a Dios muy grandes en estos días, con muchos peregrinos que han venido para la beatificación”. Para el arzobispo “hay que estar orgullosos” de la beata, una santa “para todos los tiempos”, “sobre todo en estos, en los que Paraguay necesita personas que se consagren totalmente al Señor en los ambientes en los que viven”.

De Villarrica está partiendo un nuevo impulso devocional hacia Chiquitunga, que se une al que hay en Asunción, donde la beata vivió los últimos cinco años de su existencia terrena, y donde se ha recogido el testigo de su apostolado laico. En Asunción se ha promovido la causa de canonización en colaboración con las monjas carmelitas de la capital. Poco después del nombramiento de monseñor Ricardo Valenzuela se comenzó a trabajar en base a la idea de fraternidad de Chiquitunga, con el objetivo de difundir la devoción y de llevar, tal y como ella hizo, la sonrisa y la caricia de la Palabra de Dios y una ayuda concreta a quienes más lo necesitan en las prisiones, hospitales o enfermos en sus casas. Así lo explica Carmen Gamarra, coordinadora del grupo.

Felipe González, un joven miembro del grupo, cuenta que de la beata le sorprendió el hecho de que la primera y la última visita de su día siempre fuera a Jesús en el sagrario, con el que tenía una relación cercanísima y que hacía fecunda su actividad de estudiante, de catequista y de animadora de Acción Católica . Durante una asamblea de AC tomó la palabra en varias ocasiones para defender su posición, contraria a la del joven Ángel Sauá, del que se enamoró después. Con él mantuvo posteriormente una correspondencia espiritual, a petición de su padre espiritual, y ofreció su consagración carmelita por su santidad sacerdotal.

El cardenal recordó en su homilía que “Ángel la invitó al cine y, como respuesta, ella le invitó a ver una película mucho más realista: le llevó al hospital para visitar a los enfermos. Allí conocieron a una persona que necesitaba una transfusión y ambos donaron su sangre”. El cardenal definió a Chiquitunga como “una biblioteca de santidad” por la gran cantidad de actos de generosidad, bondad y humildad recogidos durante la causa y “una figura destacada de joven santa, educada y entusiasta de su fe y su vocación”. “Los testigos de su tiempo hablan de una gran fe, convencida y explosiva”, “algunos la comparan con Madre Teresa de Calcuta”, continuó el cardenal Amato, haciendo hincapié en que la beata, nacida el 12 de enero 1925, pertenecía a una familia profundamente vinculada a la política nacional y perseguida personalmente y por eso “renunció al amor humano para dárselo al Señor” a través de la vida contemplativa. Después de trabajar durante cuatro años como maestra, María Felicia entró en el monasterio carmelita de Asunción, donde añadió a su nombre el “de Jesús Sacramentado”, y vivió sin perder su alegría, hasta el 28 de abril de 1959, cuando murió de una hepatitis infecciosa. El aniversario de su “dies natalis” será, desde el próximo año, la fecha de su memoria litúrgica.

Después de la oración mariana del Ángelus, junto a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro el domingo 24 de junio, el Papa Francisco recordó con estas palabras a la nueva beata: “Ayer, en Asunción , fue proclamada beata María Felicia del Santísimo Sacramento, María Felicia Guggiari Echeverría, una monja de la Orden de las Carmelitas Descalzas, llamada por su padre y aún hoy en día por la gente de Paraguay como “Chiquitunga”. Vivió en la primera mitad del siglo XX, se unió con entusiasmo la Acción Católica y se encargó de los ancianos, los enfermos y los presos. Esta fructífera experiencia de apostolado, sostenida por la Eucaristía diaria, dio como resultado su consagración al Señor. Murió a los 34 años, aceptando la enfermedad con serenidad. El testimonio de esta joven beata es una invitación para todos los jóvenes, especialmente los paraguayos, a vivir la vida con generosidad, ternura y alegría. ¡Demos la bienvenida a la Chiquitunga con aplausos y a todo el pueblo de Paraguay!”


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