AMÉRICA/COLOMBIA - “No se resistan a la reconciliación”: pide el Papa a los colombianos

Agenzia Fides Bogotá – “Demos el primer paso” ha sido el lema del viaje apostólico a Colombia del Papa Francisco, que acaba de terminar, para apoyar el proceso de reconciliación en curso en el País desestabilizado por más de 50 años de guerra y sobre el que ha hablado repetidamente. “La reconciliación no es una palabra abstracta; si eso fuera así, sólo traería esterilidad, más distancia. Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto” ha subrayado el Papa durante la Misa que ha presidido el 8 de septiembre en Villavicencio. “Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz. Es necesario que algunos se animen a dar el primer paso en tal dirección, sin esperar que lo hagan los otros. ¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona!”
Sin embargo reconciliarse “no significa desconocer o disimular las diferencias y los conflictos. No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia” ha remarcado el Papa, especificando que “todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación será un fracaso”. Durante la Misa, el Papa ha beatificado a los colombianos Mons. Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, obispo de  Arauca, y al  sacerdote diocesano Pedro María Ramírez Ramos, mártir de Armero, definiendo a ambos “expresión de un pueblo que quiere salir del pantano de la violencia y el rencor ”.
En el “Gran encuentro de oración por la reconciliación nacional”, también en Villavicencio, durante la misma jornada, con los representantes de las víctimas de la violencia, militares y agentes de policía, ex guerrilleros, reunidos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2 de mayo de 2002 “presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia”, el Papa ha subrayado: “Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas, tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios. Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela...nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor”.
Haciendo referencia a los testimonios escuchados poco antes, “historias de sufrimiento y amargura, pero también y, sobre todo, historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza”, el Papa Francisco ha exhortado a los colombianos diciendo: “no tengan miedo a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, y renunciar a las venganzas, y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.
Además el Papa ha lanzado una invitación a “ir a lo esencial, renovarse , involucrarse”, durante la Misa en el Aeropuerto “Enrique Olaya Herrera” de Medellín, el 9 de septiembre. Ir a lo esencial “es más bien ir a lo profundo, a lo que cuenta y tiene valor para la vida. Jesús enseña que la relación con Dios no puede ser un apego frío a normas y leyes, ni tampoco un cumplimiento de ciertos actos externos que no llevan a un cambio real de vida”. Luego ha animado a no tener miedo de la renovación, ya que “la Iglesia siempre está en renovación”, para responder mejor a la llamada del Señor. “Y en Colombia hay tantas situaciones que reclaman de los discípulos el estilo de vida de Jesús, particularmente el amor convertido en hechos de no violencia, de reconciliación y de paz”. “Hoy a nosotros se nos pide crecer en arrojo, en un coraje evangélico que brota de saber que son muchos los que tienen hambre, hambre de Dios, hambre de dignidad, porque han sido despojados” y  Jesús nos pide, como lo hizo a sus discípulos, “comer el pan de Dios, comer el amor de Dios, comer el pan que nos lleva a sobrevivir también”. Por último ha dirigido un llamamiento a la iglesia en Colombia, llamada “a empeñarse con mayor audacia en la formación de discípulos misioneros. Discípulos que sepan ver, juzgar y actuar, sin miopías heredadas; que examinen la realidad desde los ojos y el corazón de Jesús, y desde ahí juzguen. Y que arriesguen, que actúen, que se comprometan”.
La última gran celebración eucarística ha sido presidida por el Santo Padre este domingo 10 de septiembre en la área portuaria de Contecar . Como ha recordado en la homilía, desde hace 32 años, Cartagena de Indias  es en Colombia, la sede de los Derechos Humanos , porque aquí “gracias al equipo misionero formado por los sacerdotes jesuitas Pedro Claver y Corberó, Alonso de Sandoval y el Hermano Nicolás González, acompañados de muchos hijos de la ciudad de Cartagena de Indias en el siglo XVII, nació la preocupación por aliviar la situación de los oprimidos de la época, en especial la de los esclavos, por quienes clamaron por el buen trato y la libertad”.
Inspirándose en la Palabra de Dios de la liturgia del día, el Papa ha recordado: “En estos días escuché muchos testimonios de quienes han salido al encuentro de personas que les habían dañado. Heridas terribles que pude contemplar en sus propios cuerpos; pérdidas irreparables que todavía se siguen llorando, sin embargo han salido, han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos”.
No son suficientes los diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos para garantizar la paz sin un encuentro personal entre las partes que provoque el nacimiento de una auténtica “cultura de paz”. “Ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, perdonar – ha puesto en guardia el Papa -. Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se dé posibilidad a las víctimas de conocer la verdad, el daño sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos crímenes. Pero eso sólo nos deja en la puerta de las exigencias cristianas.  A nosotros cristianos se nos exige generar «desde abajo», generar un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, responder con la cultura de la vida y del encuentro… En el encuentro entre nosotros re-descubrimos nuestros derechos, recreamos la vida para que vuelva a ser auténticamente humana”.
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