ÁFRICA/CONGO RD - La escuela de San Antonio de Padua en Boma que rescata niños abandonados

Agenzia Fides Kinshasa - República Democrática del Congo lleva décadas sumida en una profunda crisis. Todo su tejido socio económico está deteriorado. Para responder a esta situación, la Iglesia Católica se ocupa de sectores como la educación, la sanidad y otros campos de acción social. En la ciudad de Boma, el padre Roger Pholo se dedica a la educación para garantizar el futuro de los niños a través de la escuela en San Antonio de Padua de la que es cofundador.

La escuela está el distrito de Sindi, un barrio pobre de la ciudad de Boma, separado del resto de la urbe por el río del mismo nombre y que acoge a cientos de familias provenientes de toda la provincia, obligadas a huir de sus casas con la esperanza de encontrar un trabajo en la ciudad. Por desgracia, su deseo de una vida mejor se da de bruces con la realidad de Boma y estas familias acaban instaladas en estas barriadas pobres, abandonadas a su suerte.
Los niños de este distrito se ven obligados a caminar más de 5 kilómetros hasta la primera escuela de la zona. Y, como las desgracias nunca vienen solas, el río Sindi se ha desbordado durante la estación de lluvias empeorando las condiciones de vida. Esta situación obliga a los niños a abandonar los estudios. “El padre Roger Pholo comenzó su trabajo pastoral en nuestro barrio porque no podía permanecer indiferente ante la miseria. No había electricidad ni agua corriente. No había siquiera una escuela y viven aquí cientos de niños en edad escolar. Así que decidió hacer algo para salvar el futuro de nuestros hijos”, afirma uno de los padres.

El padre Roger reunió a algunas personas del barrio y a amigos para crear la asociación Œuvres pour l'enfance défavorisée OED. Gracias a OED, abrió la Escuela de San Antonio de Padua en septiembre de 2016 con cuatro clases de primaria.

Hoy la escuela tiene 10 clases y 225 alumnos. Una bomba instalada en sus jardines proporciona agua al vecindario y gracias a los paneles solares los niños pueden hacer sus tareas. Pero el padre Roger quiere hacer todavía más: “Quiero ofrecer a estos niños el mejor entorno posible para el aprendizaje. Hay todavía algunas instalaciones sin pintar, sin verjas o sin desagües. Todo este trabajo es necesario para garantizar que la infraestructura de nuestra escuela sea digna para el bien de nuestros niños”.


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