ASIA/ISRAEL - El jesuita David Neuhaus: el nuevo gobierno confirmará los fuertes lazos con los cristianos evangélicos sionistas

Jerusalén - En Israel hay un nuevo gobierno, pero la coalición que lo sustenta “tiene poco para mantenerlo unido”, y reúne a fuerzas con posiciones antitéticas respecto a “la cuestión de los palestinos y la posibilidad de establecer un estado palestino”. El análisis de los nuevos escenarios políticos en Tierra Santa propuesto en una entrevista con la Agencia Fides por el jesuita David Nauhaus, profesor del Pontificio Instituto Bíblico de Jerusalén, parte de esta simple y decisiva observación.
Nacido en Sudáfrica de padres judíos alemanes que huyeron de Alemania en los años treinta del siglo pasado, el padre David ha sido en el pasado Vicario Patriarcal del Patriarcado Latino de Jerusalén para los católicos de expresión judía. En la entrevista, el sacerdote ofrece puntos de reflexión concretos y articulados sobre la consistencia real del llamado “cambio político” que se ha producido en Israel, y entre otras cosas da por sentada la confirmación de unas sólidas relaciones entre los sectores más influyentes de la dirigencia israelí y los grupos de “cristianos evangélicos sionistas” que apoyan a Israel “sobre la base de una lectura fundamentalista de las Escrituras y partiendo de la convicción de que Dios ha elegido a Israel y le ha prometido la victoria”.
El nuevo gobierno de Bennett/Lapid quiere presentarse como un “gobierno de cambio”, pero en opinión del padre David Neuhaus, “el cambio principal es que Benjamin Netanyahu ya no es Primer Ministro. La coalición que le sustituyó tiene poco qen común, aparte del deseo de derrocar a Netanyahu”. La nueva coalición gubernamental “reúne a partidos de derecha e izquierda que tienen visiones radicalmente diferentes sobre el tipo de sociedad que les gustaría promover. Esto es cierto sobre todo con respecto a su enfoque de la cuestión de los palestinos y la posibilidad de establecer un estado palestino”.
La posición de figuras prominentes del nuevo gobierno, incluido el primer ministro Naftali Bennett, “no difiere mucho de la posición de Netanyahu. Echaron a Netanyahu porque no les permitía acceder a puestos de poder e intentó aplastarlos cuando se hicieron demasiado populares. Su venganza contra él era personal y organizativa”. Para lograr su venganza contra Netanyahu -señala el jesuita- “han formado una alianza con partidos de centro y de izquierda que se oponen radicalmente a la visión política de Netanyahu, están más abiertos a negociar con los palestinos y a avanzar hacia la creación de un Estado palestino”. La cuestión crucial en este momento es si la coalición se desmoronará después de lograr destituir a Netanyahu, o si la alianza forjada para destituirlo logrará reunir a estos componentes dispares de manera suficiente para gobernar el país. Mientras Netanyahu siga siendo una amenaza política, es posible que inviertan energía en mantenerse unidos para poder bloquear cualquier posibilidad de que vuelva al poder.
Varios medios de comunicación occidentales han destacado con énfasis la entrada en el gobierno de coalición de un partido árabe, presentando este acontecimiento como un factor de fuerte discontinuidad con el pasado. El padre David Neuhaus recuerda que “no es la primera vez que los partidos árabes forman parte de un gobierno en Israel, pero lo interesante es que esta vez Mansour Abbas se declara nacionalista palestino y musulmán tradicional”. Sobre Abbas, el jesuita comenta: “El Partido que fundó es conservador en todas las cuestiones sociales y está en desacuerdo con los elementos más progresistas de la sociedad palestina en Israel, en particular con las fuerzas políticas árabes más izquierdistas con las que una vez estuvo aliado. Abbas es un político relativamente joven, nacido en 1974, y procede de Maghar, una ciudad de Galilea donde los drusos son mayoría y donde los cristianos superan a los musulmanes. Ha defendido que ha llegado el momento de promover los intereses de los ciudadanos árabes palestinos de Israel presionando por la igualdad en lugar de relacionarlo todo con la cuestión de la ocupación en los territorios palestinos conquistados por Israel en 1967, como suelen hacer sus antiguos aliados en las agrupaciones políticas árabes. Está por ver si Abbas será capaz de mejorar la suerte de los ciudadanos árabes palestinos de Israel, y si su apoyo a esta coalición será duradero. Todavía no está claro si Abbas es un ingenuo, que no se da cuenta del verdadero alcance del racismo presente en el sistema político israelí y de la naturaleza sistémica de la discriminación, o si es un político experimentado, que lucha por su pueblo. Por ahora, a muchos ciudadanos árabes palestinos de Israel les preocupa que Mansour Abbas se haya asociado con partidos que se consideran partidarios de la ocupación de los territorios palestinos y de la discriminación de los ciudadanos palestinos de Israel”. En cuanto a los fenómenos discriminatorios que se producen en Israel, el profesor del Instituto Bíblico de Jerusalén dice con mucha claridad: “La discriminación en Israel contra los ciudadanos árabes palestinos afecta a todos los ámbitos de la vida, en lo que es definido como un ‘Estado judío’. De hecho, el Estado de Israel se define jurídica, política e ideológicamente como un Estado judío y promueve la exclusividad judía en diversos ámbitos, especialmente en el del desarrollo. Los ciudadanos palestinos de Israel pueden votar en las elecciones, pero la discriminación es evidente en la distribución de recursos al sector palestino. Esto se puede ver perfectamente al comparar las ciudades y pueblos árabes con los judíos, en términos de infraestructura, desarrollo, servicios municipales, escuelas, parques, bibliotecas, hospitales, etc. El Estado que se define como Estado judío reserva la mayor parte de los recursos a los judíos. En 2018 se aprobó una ley, la Ley del Estado Nacional, que volvió a recalcar que Israel es el Estado del pueblo judío, su idioma es el hebreo y su principal objetivo es promover los intereses judíos. Esto ha llevado a algunos a suponer que Israel es de hecho un Estado de “apartheid”, como sugiere en particular Betselem, una importante organización israelí de derechos humanos”. Los contrastes étnico-religiosos que desgarran la sociedad israelí, fomentados y alimentados por la lógica del utilitarismo político, han tenido otra manifestación emblemática en los últimos días en el caso de la “Marcha de las Banderas”: “Se trata - explica el padre David Neuhaus - de un acontecimiento anual que celebra la conquista de la Jerusalén árabe por Israel, que tuvo lugar en 1967”. Los que marchan proceden predominantemente de partidos religiosos de derechas y la marcha es un acontecimiento que a sus ojos pone de relieve el control judío de Jerusalén, la unidad de la ciudad y su carácter judío. La marcha siempre provoca tensiones al atravesar los barrios palestinos de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y algunos manifestantes inevitablemente corean eslóganes racistas contra los árabes y lanzan burlas contra los habitantes de esos barrios. Este año, 2021, la marcha se canceló en el último momento porque Hamás había empezado a lanzar cohetes contra Israel desde Gaza. Por supuesto, se trata de un acontecimiento más en una serie de eventos que comenzaron un mes antes, al inicio del Ramadán, cuando Israel tomó medidas unilaterales para demostrar quién manda en la Jerusalén árabe y prohibió a los palestinos reunirse, como es habitual, en la Puerta de Damasco. Jerusalén es como un barril de pólvora, siempre a punto de estallar, y esta marcha inevitablemente echa más leña al fuego cada vez. La extrema derecha, aliada de Netanyahu, ante la cancelación previa de la marcha que iba a celebrarse el 10 de mayo, insistió en que se celebrara el 15 de junio. Netanyahu, sabiendo perfectamente que esto podría provocar una crisis inicial en el nuevo gobierno, dejó que su sucesor decidiera qué hacer. Al no querer provocar a la derecha inmediatamente, se autorizó la marcha. Sin embargo, su recorrido fue modificado para que no hubiera demasiados roces entre los manifestantes y los palestinos. Además, Estados Unidos y Egipto se movilizaron para tratar de apagar las llamas esta vez.
Israel impidió que se abrieran los colegios electorales para las elecciones palestinas en la parte árabe de Jerusalén, lo que justificó el aplazamiento de la tan esperada ronda electoral para decidir el actual equilibrio de poder entre las fuerzas políticas palestinas. Según el padre Neuhaus, “es poco probable que el nuevo gobierno cambie su posición sobre las elecciones palestinas en el Jerusalén árabe. Las elecciones palestinas en Jerusalén se consideran una amenaza para la soberanía israelí en la parte árabe de la ciudad. Esto sólo podría cambiar si se ejerce una presión internacional suficiente sobre Israel ”.
En cuanto a la relación del nuevo gobierno con la cúpula política y los influyentes lobbies estadounidenses, en opinión del padre David Neuhaus “es poco probable que el nuevo gobierno renuncie a los fuertes vínculos con los cristianos evangélicos sionistas de los que gozaba el gobierno anterior. Estos amigos de Israel, fuertemente antiárabes y antimusulmanes, apoyan a Israel basándose en una lectura fundamentalista de las Escrituras y desde la creencia de que Dios ha elegido a Israel y le ha prometido la victoria. Estos grupos no sólo son un influyente lobby político en Estados Unidos, sino que también envían mucho dinero y personal para promover a Israel y sus intereses, y el nuevo gobierno sin duda buscará su apoyo, al igual que lo hizo el gobierno anterior. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el nuevo gobierno incluye elementos de izquierda que se oponen ferozmente a los “valores familiares” tradicionales promovidos por los evangélicos, lo que podría dar lugar a algunas fricciones.




Agenzia Fides
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