VATICANO - Se ha reconocido el martirio de Mons. Claverie y otros 18 religiosos y religiosas asesinados en Argelia

Agenzia Fides Ciudad del Vaticano - El Santo Padre Francisco ha autorizado la publicación del decreto que reconoce el martirio del Obispo de Orán, Pierre Claverie, y de 18 compañeros, sacerdotes y religiosos asesinados en Argelia entre 1994 y 1996. Además del Obispo Claverie están: Hno. Henri Vergès, Hna. Paul-Hélène Saint-Raymond, Hna. Esther Paniagua Alonso, Hna. Caridad Alvarez Martin, P. Jean Chevillard, P. Jean Dieulangard, P. Charles Deckers, P. Christian Chessel, Jeanne Littlejohn Hna. Angèle-Marie, Denise Leclercq Hna. Bibiane, Hna. Odette Prévost, P. Christian de Chergé, P. Luc Dochier, P. Christophe Lebreton, P. Michel Fleury, P. Bruno Lemarchand, P. Paul Favre -Miville y P. Célestin Ringeard.
“¡Nuestra iglesia está regocijando!”, han expresado Mons. Paul Desfarges, arzobispo de Argel, Mons. Jean-Paul Vesco, Obispo de Orán, Mons. John MacWilliam, Obispo de Laghouat y Mons. Jean-Marie Jehl, Administrador de Constantina, reunidos en la CERNA en el mensaje enviado a la Agencia Fides que anuncia la beatificación. “Se nos da la gracia de poder recordar a nuestros diecinueve hermanos y hermanas como mártires, es decir, según el significado de la palabra en sí, testigos del amor más grande, aquel de dar la vida por los que se ama. Ante el peligro de una muerte que era omnipresente en el país, tomaron la decisión, aun arriesgando sus vidas, de vivir hasta el final los lazos de hermandad y amistad que habían tejido con sus hermanos y hermanas de Argelia a través del amor. Los lazos de fraternidad y amistad fueron mucho más fuertes que el miedo a la muerte”.
“Ellos son los testigos de una fraternidad sin fronteras, un amor que no hace diferencias”, han continuado los obispos, subrayando que “su muerte pone en evidencia el martirio de muchos argelinos, musulmanes, buscadores de un significado, artífices de la paz, perseguidos por la justicia, hombres y mujeres con un corazón correcto, permanecieron fieles a la muerte durante esta oscura década que ha ensangrentado Argelia”. Unen por tanto en el mismo tributo, a todos “los hermanos y hermanas argelinos, son miles los que no tuvieron miedo de arriesgar sus vidas para permanecer fieles a su fe en Dios, a su país, a su conciencia. Entre estos recordamos a los 99 imanes que perdieron la vida por negarse a justificar la violencia”.
Cada uno de los próximos beatos había elegido permanecer fiel a aquellos que vivían en el vecindario, los servicios compartidos, se habían convertido en sus vecinos, continúa el texto. “Sus muertes han revelado que sus vidas estaban al servicio de todos: los pobres, las mujeres necesitadas, las personas con discapacidad, los jóvenes, todos musulmanes... Los que más se angustiaron en el momento de su trágica muerte fueron sus amigos y vecinos musulmanes, que se avergonzaban de que se usase el nombre del Islam para cometer tales actos”.
“Pero hoy no miramos el pasado – han exhortado los obispos -. Estas beatificaciones son una luz para nuestro presente y para el futuro. Dicen que el odio no es la respuesta correcta al odio, que no hay una inevitable espiral de violencia. Desean ser un paso hacia el perdón y la paz para todos los hombres, comenzando desde Argelia, pero más allá de las fronteras de Argelia. Estas son palabras proféticas para nuestro mundo, para todos aquellos que creen y trabajan para vivir juntos. Y hay muchos aquí en nuestro país y en todo el mundo, de todas las nacionalidades y todas las religiones. Este es el significado profundo de esta decisión del Papa Francisco”.
En la parte final del mensaje, los Obispos recuerdan que estos hermanos y hermanas “son modelos en el camino de la santidad ordinaria, no son héroes, no murieron por una idea o una causa. Simplemente eran miembros de la pequeña iglesia católica en Argelia que, aun si estaba compuesta principalmente de extranjeros y que con frecuencia se la consideraba extranjera, vivió las consecuencias naturales de su elección para formar parte de este país. Estaba claro para cada uno de sus miembros que cuando amas a alguien no lo dejas en el momento del juicio. Este es el milagro diario de la amistad y la fraternidad. Muchos de nosotros los hemos conocido y hemos vivido con ellos. Hoy sus vidas pertenecen a todos. Ahora nos acompañan como peregrinos de la amistad y la fraternidad universal”.
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