ASIA/MYNMAR - Nuevo llamamiento del Papa, sor Ann Nu Twang: “Está cerca de nuestro pueblo que sufre”.

Yangon – “Las palabras del Papa Francisco nos reconfortan en estos momentos en los que vemos nuestro corazón destrozado por tanta violencia y tanto sufrimiento de los inocentes. Nos sentimos impotentes e indefensos ante el mal que continúa; nuestra esperanza está puesta en Dios y pedimos la ayuda de la comunidad internacional”: lo dice a la Agencia Fides un sacerdote católico de la diócesis de Yangon, que prefiere el anonimato por razones de seguridad, tras el nuevo llamamiento del Papa Francisco que, en sus palabras al final de la Audiencia General de hoy, 17 de marzo, ha mencionado a Myanmar: “Una vez más y con mucha tristeza - ha dicho el Pontífice - siento la urgencia de evocar la dramática situación en Myanmar, donde muchas personas, sobre todo jóvenes, están perdiendo la vida para ofrecer esperanza a su país”. Y ha continuado, haciendo referencia al gesto de la hermana Ann Nu Tawng, una religiosa católica de la ciudad de Myitkyina, cuyas fotos se han publicado en los medios de comunicación de todo el mundo: “También yo me arrodillo en las calles de Myanmar y digo: ¡que cese la violencia! También yo extiendo mis brazos y digo: ¡que prevalezca el diálogo! La sangre no resuelve nada. Prevalezca el diálogo”.
La Agencia Fides se ha puesto en contacto con la hermana Ann Nu Tawng, de la congregación de San Francisco Javier, que se ha convertido en un icono de la presencia de los fieles católicos en Myanmar. La religiosa ha comentado a Fides: “Estamos profundamente agradecidos al Papa porque se acuerda de nosotros. Conoce Myanmar, estuvo entre nosotros en 2017. Nos reconforta y anima el hecho de que el Papa apoye con nosotros el fin de toda violencia y el inicio del diálogo. Me sorprende que, según me dicen, sus palabras hayan sido inspiradas por mi gesto de arrodillarme y extender las manos al cielo. Lo hice de corazón. Estos son los gestos de cualquier cristiano que se preocupa por la humanidad”.
Además, añade la hermana Ann: “Sufrimos junto a nuestra gente. La violencia no cesa y el número de heridos aumenta día a día. Las clínicas privadas aquí en el estado de Kachin están cerradas por miedo a los militares. Nuestra pequeña clínica es una de las pocas instalaciones abiertas, nos las arreglamos para tratar las lesiones menos graves, para para el resto estamos en serias dificultades. Algunos no lo consiguen. Y sin embargo, en esta tribulación, hoy hemos tenido un gran signo de esperanza, junto a las palabras del Papa: dos mujeres embarazadas, heridas levemente, ingresadas en nuestra clínica, han dado a luz hoy a sus bebés, un niño y una niña. Toda vida es preciosa. La vida sigue naciendo por la gracia de Dios. Algunos nos dicen que nuestra vida está en peligro, que podemos vernos afectadas, pero no nos cerraremos, no abandonaremos nuestra misión de curar a los heridos, consolar a los afligidos, defender toda vida humana. El Papa está a nuestro lado, está cerca de nuestra gente que sufre”.





Agenzia Fides
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